Imagina una fuente de energía capaz de generar cuatro veces más potencia que cualquier reactor de fisión actual, sin producir dióxido de carbono, sin riesgo de fusión descontrolada y con combustible prácticamente inagotable extraído del agua de mar. Suena a ciencia ficción, pero en 2025 la fusión nuclear ha dejado de ser una promesa perpetuamente aplazada para convertirse en un proyecto con fechas concretas, inversiones reales y, por primera vez en décadas, victorias científicas mensurables. El experimento realizado por el National Ignition Facility (NIF) en California —que en diciembre de 2022 logró por primera vez en la historia producir más energía de la que se inyectó al blanco de deuterio-tritio— no fue un destello aislado. En 2024 y 2025, nuevas repeticiones y mejoras del experimento han consolidado ese resultado y han disparado la inversión privada global hasta los 7.100 millones de dólares (unos 6.500 millones de euros). Para España, que alberga infraestructura crítica del proyecto ITER y tiene empresas directamente implicadas en la carrera privada por la fusión, las consecuencias son inmediatas. Este artículo lo explica todo.
Qué ha cambiado realmente en la fusión nuclear
Durante décadas, la broma recurrente entre físicos era que la energía de fusión siempre estaba «a treinta años vista». Esa percepción ha cambiado de forma estructural en el tramo 2022-2025, no por un único hito, sino por una convergencia de avances técnicos, reducción de costes de componentes superconductores y la entrada masiva de capital privado.
El hito del NIF: ignición confirmada y repetida
El 5 de diciembre de 2022, el NIF —dependiente del Departamento de Energía de Estados Unidos— anunció que su experimento de confinamiento inercial había superado por primera vez la «ignición»: los 192 láseres del instalación dispararon 2,05 megajulios (MJ) de energía sobre una cápsula de hidrógeno del tamaño de un guisante y obtuvieron 3,15 MJ de salida, una ganancia neta de energía del 53,7%. El logro fue real, pero limitado: la ganancia se medía únicamente respecto al láser que golpeaba el blanco, no respecto a la energía eléctrica total consumida por la instalación (que ronda los 300 MJ por disparo). Sin embargo, en 2024 el NIF repitió el experimento con resultados superiores —alcanzando 3,88 MJ de salida en su mejor ensayo— y lo que es más relevante: comenzó a publicar una tasa de repetición. En 2025, el objetivo declarado es ejecutar al menos un disparo de ignición por semana, frente a los pocos disparos anuales de años anteriores. Eso es lo que convierte el hito en ingeniería, y no solo en física.
El confinamiento magnético: los tokamaks de nueva generación
Paralelamente, la vía del confinamiento magnético —la tecnología base de ITER y de los reactores privados como los de Commonwealth Fusion Systems (CFS)— ha vivido su propio momento clave. En septiembre de 2021, CFS demostró imanes superconductores de alta temperatura (HTS) que generaban campos de 20 teslas, el doble de lo conseguido hasta entonces con tecnología convencional. En 2024 integró esos imanes en su tokamak SPARC, cuyo diseño final se publicó en enero de 2025. Un campo magnético más potente permite un reactor mucho más compacto: SPARC tiene un radio mayor de apenas 1,85 metros, frente a los 6,2 metros del tokamak de ITER. Esa diferencia de escala reduce costes y, sobre todo, reduce tiempos. CFS tiene previsto demostrar ganancia neta de energía eléctrica con SPARC antes de 2028.
La curva de inversión privada
El termómetro más fiable del estado real de una tecnología es el dinero privado que atrae. En 2021, la inversión privada acumulada en fusión nuclear era de unos 2.000 millones de dólares. En 2023 superó los 6.000 millones. A cierre de 2024, la cifra consolidada alcanza los 7.100 millones de dólares repartidos entre más de 40 empresas activas en nueve países, según el informe anual de la Fusion Industry Association (FIA). Las tres empresas mejor financiadas son Commonwealth Fusion Systems (1.800 M$), TAE Technologies (1.200 M$) y Helion Energy (500 M$ más un acuerdo de compra de electricidad con Microsoft por un precio estimado de 100 dólares/MWh a partir de 2028).
ITER: el gran proyecto público y el papel de España
Mientras el sector privado corre a velocidad de startup, el proyecto intergubernamental ITER —con sede en Cadarache, en el sur de Francia— sigue su propio calendario. ITER es el reactor de fusión más grande jamás construido y el banco de pruebas científico de referencia mundial. Su objetivo no es generar electricidad comercial, sino demostrar que es posible obtener una ganancia de energía Q=10 (diez veces más energía de salida que la de entrada) de forma sostenida.
Estado actual de la construcción y revisión del calendario
La construcción de ITER comenzó en 2013 y ha sufrido varios retrasos. La revisión de calendario más reciente, aprobada por el Consejo de ITER en noviembre de 2023 y ratificada en 2024, establece el primer plasma en 2034 (inicialmente previsto para 2025) y las operaciones con deuterio-tritio en plena potencia en 2039. El coste total actualizado del proyecto se estima en 22.000 millones de euros, de los cuales la Unión Europea aporta aproximadamente el 45% a través de Fusion for Energy (F4E), el organismo con sede en Barcelona.
España en el corazón de ITER
La contribución española al proyecto ITER es sustancial y con frecuencia infravisibilizada en los medios generalistas. España participa a través de tres vías principales:
- Fusion for Energy (F4E): La agencia europea de fusión tiene su sede en Barcelona y gestiona la aportación de la UE a ITER. Emplea a más de 500 profesionales y ha movilizado contratos industriales en España por valor superior a 1.400 millones de euros desde 2008.
- CIEMAT: El Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas, con sede en Madrid, coordina la investigación española en fusión nuclear y participa en el diseño del sistema de diagnóstico de plasma de ITER. Su laboratorio de fusión opera el stellarator TJ-II, uno de los dispositivos de referencia mundial en esta tecnología alternativa al tokamak.
- Industria privada: Empresas como Iberdrola (suministro de equipos eléctricos), Grupo Antolin y Airbus España han participado en contratos de componentes para ITER. La empresa vasca Erreka, especializada en mecanizado de precisión, ha fabricado piezas para el sistema de vacío del reactor.
El stellarator TJ-II del CIEMAT: un activo poco conocido
Mientras el mundo habla de tokamaks, España tiene en marcha uno de los 10 stellarators operativos del mundo. El TJ-II, ubicado en Madrid, es un reactor experimental que lleva operativo desde 1998 y en 2025 continúa aportando datos clave sobre el comportamiento del plasma en configuraciones helicales. La ventaja de los stellaratos sobre los tokamaks es que pueden operar en modo continuo sin las inestabilidades periódicas del plasma (disrupciones) que son el principal dolor de cabeza de los tokamaks. El Wendelstein 7-X alemán —el stellarator más avanzado del mundo— y el TJ-II comparten datos regularmente. Si la tecnología stellarator madura lo suficiente, España estaría en una posición privilegiada por experiencia acumulada.
La carrera privada: empresas y tecnologías en competencia
La proliferación de empresas privadas de fusión nuclear es uno de los fenómenos más llamativos de los últimos cinco años. En 2025 existen al menos 43 compañías activas con programas de fusión en marcha, que utilizan al menos siete enfoques técnicos distintos. La diversidad de apuestas tecnológicas refleja que aún no existe consenso sobre cuál será la arquitectura ganadora del primer reactor comercial.
Los principales competidores y sus plazos
| Empresa | País | Tecnología | Financiación (M$) | Objetivo demostración |
|---|---|---|---|---|
| Commonwealth Fusion Systems | EE.UU. | Tokamak compacto (SPARC) | 1.800 | 2027-2028 |
| TAE Technologies | EE.UU. | Campo invertido (FRC) | 1.200 | 2030 |
| Helion Energy | EE.UU. | Campo invertido pulsado | 500 | 2028 |
| Tokamak Energy | Reino Unido | Tokamak esférico | 250 | 2030 |
| Marvel Fusion | Alemania | Confinamiento inercial láser | 150 | 2031 |
| Eni/ENN (participadas) | Italia/China | Tokamak + FRC | 120 | 2032 |
| First Light Fusion | Reino Unido | Fusión por proyectil | 80 | 2030 |
Commonwealth Fusion Systems: el favorito en 2025
CFS es, en este momento, la empresa más avanzada y mejor financiada de la carrera privada. Su reactor SPARC está diseñado para demostrar Q>2 (el doble de energía de salida que de entrada) antes de 2028, y su planta comercial ARC —de la que ya existen diseños preliminares detallados— apunta a una potencia neta de 200 MW eléctricos con un coste de construcción estimado de entre 2.000 y 4.000 millones de dólares por unidad. Si esos números se cumplen, el coste de capital por kilovatio sería comparable al de la energía eólica marina, lo que abriría la competitividad comercial. En 2025, CFS ha anunciado la búsqueda de emplazamientos para su primera planta ARC en Virginia (EE.UU.) y ha iniciado conversaciones con el gobierno del Reino Unido para una segunda instalación.
Helion y el acuerdo con Microsoft: el primer contrato real
El acuerdo firmado en 2023 entre Helion Energy y Microsoft para el suministro de electricidad de fusión a partir de 2028 fue el primer contrato de compra de energía (PPA) de fusión nuclear de la historia. Microsoft pagaría penalizaciones si Helion no cumple el plazo, lo que añade presión real al calendario. El precio pactado —no revelado oficialmente pero estimado en el sector en torno a los 100 €/MWh— sería competitivo con la energía solar fotovoltaica a gran escala en mercados sin radiación excepcional. En 2025, Helion está operando su séptimo prototipo de reactor (Polaris) e informa de que ha alcanzado temperaturas de plasma superiores a 100 millones de grados Celsius, el umbral mínimo necesario para la fusión D-He3.
Combustibles y cadena de suministro: el cuello de botella del tritio
La física de la fusión nuclear preferida para los primeros reactores comerciales utiliza deuterio y tritio como combustible. El deuterio es abundante y barato: se extrae del agua de mar con un coste de producción de unos 30 euros por gramo. El tritio, sin embargo, es radiactivo, con una vida media de 12,3 años, y su producción global es extremadamente limitada.
El problema del tritio: escasez estructural
En 2025, la producción mundial de tritio es de aproximadamente 20 kilogramos anuales, generados como subproducto de los reactores de agua pesada CANDU canadienses. El precio en el mercado es de alrededor de 30.000 euros por gramo. Un reactor de fusión de 1 GW eléctrico necesitaría consumir del orden de 55 kg de tritio al año en su fase inicial, antes de que el sistema de cría de litio-6 en el manto del reactor produzca su propio tritio. Eso significa que si varios reactores comerciales empiezan a operar simultáneamente en la década de 2030, el tritio disponible será el principal cuello de botella de la industria. Varios gobiernos —incluidos EE.UU., Japón y Corea del Sur— han comenzado a crear reservas estratégicas de tritio. España, a través del CIEMAT, participa en los grupos de trabajo europeos sobre gestión del ciclo de combustible de tritio para ITER.
El litio-6 y la soberanía de recursos
La solución de largo plazo al problema del tritio es producirlo in situ mediante la irradiación de litio-6 con los neutrones del propio reactor (sistema de cría de tritio o TBS, Tritium Breeding System). El litio-6 es un isótopo que representa el 7,6% del litio natural. Y aquí aparece otra dependencia estratégica: el litio. España tiene depósitos significativos de litio en Extremadura (proyecto Valdeflórez, con reservas estimadas de 1,5 millones de toneladas de mineral) y en Galicia (Proyecto Coto Minero Vivaldi). Si la fusión nuclear escala como se prevé, la cadena de valor del litio —hoy dominada por Australia, Chile y China— podría verse afectada, y España estaría en una posición interesante como proveedor europeo.
Implicaciones para la política energética española
España tiene comprometida una transición hacia las energías renovables con objetivos claros: el 81% de electricidad renovable en 2030 según el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) actualizado en 2023. En ese horizonte, la fusión nuclear no juega ningún papel, porque no estará disponible comercialmente antes de mediados de la década de 2030 en el mejor escenario posible. Pero en el horizonte de 2040-2050, cambia todo.
El cierre nuclear y el hueco que podría llenar la fusión
España tiene programado el cierre escalonado de sus siete reactores de fisión entre 2027 y 2035. Almaraz cierra en 2027-2028, Cofrentes en 2030, y Ascó I y II, Garoña —ya cerrada— y Trillo entre 2030 y 2035. En total, esas plantas aportan hoy alrededor del 20% de la electricidad española. La hipótesis de trabajo del gobierno es que ese hueco lo cubrirán renovables más almacenamiento. Pero si los reactores de fusión privados empiezan a operar comercialmente en 2035-2038, la conversación podría reabrir. Un reactor de fusión de 200-500 MW eléctricos sería una fuente de carga base firme —sin emisiones y sin los residuos de larga vida de la fisión— que complementaría perfectamente a la variabilidad solar y eólica.
Red Española de Fusión: el ecosistema investigador nacional
España dispone de una red investigadora en fusión que incluye al CIEMAT, la Universidad Politécnica de Madrid, la Universidad de Valencia y varios grupos en Sevilla y Barcelona. El presupuesto público español dedicado a investigación en fusión en 2024 fue de aproximadamente 45 millones de euros, una cifra modesta en términos absolutos pero que sitúa a España como el quinto contribuyente europeo en investigación de fusión, por detrás de Alemania, Francia, Reino Unido e Italia. El reto para los próximos años es que ese ecosistema investigador se conecte más activamente con las startups privadas europeas de fusión, replicando el modelo de colaboración universidad-empresa que ha funcionado en el Reino Unido con Oxford y Tokamak Energy, o en MIT y CFS.
Oportunidades industriales concretas para empresas españolas
Más allá de la investigación básica, la fusión nuclear genera oportunidades industriales en sectores donde España tiene fortalezas reales:
- Ingeniería de precisión y mecanizado: Componentes superconductores, bobinas de campo magnético y piezas de vacío requieren tolerancias extremas. Empresas vascas y catalanas del sector aeronáutico pueden competir.
- Gestión de materiales de alta temperatura: El primer muro del reactor (blanket) usa berilio, wolframio y acero especial. España tiene capacidad en metalurgia especial.
- Sistemas de control e instrumentación: Indra y GMV, ya proveedoras de sistemas de defensa y espacio, tienen capacidades directamente aplicables al control de plasma.
- Gestión de residuos radiactivos de baja activación: Los reactores de fusión generan residuos de activación por neutrones, pero de vida media corta (décadas, no milenios). El conocimiento español en gestión de residuos nucleares del ENRESA es aplicable.
Análisis NotiTech
En NotiTech llevamos tiempo siguiendo el avance de la fusión nuclear con una mezcla de entusiasmo científico y escepticismo editorial. Y en 2025, por primera vez, el escepticismo ha cedido terreno de forma notable. No porque la fusión comercial sea inminente —no lo es— sino porque la naturaleza de los obstáculos que quedan ha cambiado cualitativamente.
Lo que ha cambiado de verdad: de problema físico a problema de ingeniería
Durante décadas, el problema de la fusión era físico: no sabíamos si podíamos confinar plasma a las temperaturas y densidades necesarias el tiempo suficiente para obtener ganancia energética neta. Ese problema, en lo esencial, está resuelto. El NIF demostró ignición. ITER demostrará sostenimiento. Los tokamaks de nueva generación con imanes HTS han despejado la duda sobre el confinamiento. Lo que queda son problemas de ingeniería: materiales que soporten el bombardeo de neutrones durante décadas, sistemas de cría de tritio que funcionen a escala, plantas que puedan construirse en serie y a costes competitivos. Los problemas de ingeniería tienen solución sistemática. Se atacan con dinero, tiempo e iteración. Eso es exactamente lo que está pasando ahora.
La posición de España: bien colocada, pero con riesgo de quedarse en segunda fila
España tiene activos reales en esta carrera. F4E en Barcelona, el TJ-II en Madrid, una industria manufacturera de precisión competitiva y reservas de litio en la Península. El problema es que el ecosistema de startups de fusión es prácticamente inexistente en España. No hay ninguna empresa española en la lista de las 43 activas que publica la FIA. Eso no es casualidad: refleja una brecha en el capital riesgo de deep tech, en la cultura de spinoff universitario y en la tolerancia institucional al riesgo tecnológico. El momento de construir ese ecosistema es ahora, no cuando los reactores de CFS o Helion ya estén operativos. Para entonces, los contratos de suministro, las cadenas de valor y las patentes críticas estarán firmadas. El gobierno español debería articular un programa específico de apoyo a startups de fusión, en línea con lo que el gobierno británico ha hecho con el programa STEP (Spherical Tokamak for Energy Production) —con 220 millones de libras comprometidas— o lo que Alemania ha hecho con su programa de fusión del BMBF.
Nuestra valoración: cautela real, optimismo fundamentado
La fusión nuclear no va a resolver la crisis climática en esta década. Quien lo prometa miente o no entiende los plazos de ingeniería. Pero en la ventana 2035-2045, si los proyectos privados cumplen aunque sea parcialmente sus plazos, estaremos ante una fuente de energía que puede cambiar las reglas del juego de forma estructural: sin CO₂, sin residuos de alta actividad, con combustible accesible globalmente y con una densidad energética que no tiene parangón en las renovables. Para España, la conclusión editorial es clara: invertir ahora en el ecosistema investigador e industrial de fusión no es un gasto, es una póliza de seguro energética y una apuesta de política industrial de largo plazo. Los 45 millones de euros anuales actuales son insuficientes. Con el 0,1% adicional del presupuesto de I+D nacional —unos 80 millones de euros más al año— España podría triplicar su presencia en proyectos internacionales y empezar a cultivar las dos o tres startups de fusión que necesita para no llegar tarde a la mayor revolución energética del siglo XXI. El reloj corre. Y por primera vez en décadas, corre de verdad.
¡Gracias!
